Colaboradores: 'Pilar León' por Elisa Rodríguez Court

El quinqué


Pilar León


ELISA RODRÍGUEZ COURT


(Artículo publicado por el periódico La Provincia el día 03 de julio de 2013)

Alguien dijo en cierta ocasión que para escribir hay que secarse antes las lágrimas. Estoy de acuerdo, pues se refería a los escritores y la creación literaria. En el caso que nos ocupa, se trata de lanzar unas palabras, todavía con el corazón hirviendo de tristeza, como homenaje a una mujer muy especial. Un personaje que parece haber escapado de una novela o de un cuadro para practicar el arte de la vida con un estilo ágil personal. Ay, Pilar.

Ella tenía su particular modo de moverse en la vida, entendida esta como la rayuela de Cortázar para cuyo juego solo se precisa una piedrita, la punta del zapato y un bello dibujo con tiza, preferentemente de colores. Sin embargo, poco le importaba adquirir la habilidad necesaria para salvar las diferentes casillas. Ninguna necesidad tenía de remontar la piedrita desde la Tierra hasta el Cielo. Parecía preferir calcular mal para que la piedrita se saliera del dibujo y así poder paladear la vida en las estancias donde pasa lo que pasa cuando no pasa nada. Sin premura, pero saboreando cada instante, ay.

Ligera de equipaje, parecía practicar la filosofía de vida de Marcel Duchamp. También ella dejó de pintar, cambiando el arte de la pintura por el arte de la vida. Era, como este pintor decía de sí mismo, una "anartista" y cuando le preguntaban acerca del motivo de su abandono de la pintura respondía tan tranquila con una contestación parecida a la del otro: "¿Qué quieres?, ya no tengo ideas".

No lamentaba su renuncia. Como auténtica artista de la vida no quiso cargar a esta con demasiado peso ni con demasiadas cosas por hacer. Su marca de agua era vivir y la llevaba en su natural elegancia y rostro exultante, ay. Luz que sigue refulgiendo en la noche que se ha hecho cuando nos hemos quedado huérfanos. O Sonrisa ancha como la que dejaba el gato travieso de Alicia en el país de las maravillas una vez que desaparecía. Tal vez, un modo de tenerla felizmente presente en su ausencia. Ay, Pilar.



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