Colaboradores: 'Escrache' por Elisa Rodríguez Court

El quinqué


Escrache


ELISA RODRÍGUEZ COURT


Venga, ¡por favor!, pero si todos hemos podido ver las imágenes. ¡¿A quiénes quiere engañar el Partido Popular esta vez?! Vaya ridículo, la cúpula del PP pidiendo calma a sus diputados si se ven acosados, qué miedo, por los ciudadanos. También les ha invitado a denunciar en caso de sentirse amenazados. Qué cosas, todo por ser víctimas de eso que ahora llaman escrache.

Según se dice, este término hace alusión a la acción de "señalización pública" de los diputados que se niegan a tener en cuenta las necesidades e intereses de los ciudadanos. En este caso se trata de actos de protesta organizados por la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH).

Ciudadanos de a pie que desean poner en evidencia a diputados que no nos representan. De lo contrario, tendrían en cuenta los cambios propuestos por la iniciativa legislativa popular pública sobre los desahucios. Sí, sobre, ay, los terriblemente violentos desahucios, ay. Una propuesta avalada por nada menos que casi un millón y medio de firmas de ciudadanos del Estado español. ¡Millón y medio de firmantes!

El Gobierno del Partido Popular ha dado la espalda a esta iniciativa y la PAH ha decidido que si Mahoma no va a la montaña, la montaña va a Mahoma. Por eso se han plantado ciudadanos con pitos (pííí, pííí, pííí, ¡cuánta violencia!) y con octavillas y carteles (a todo color, pero con predominio de un verde violento) en las calles por donde pasan los diputados, delante de sus despachos, cuando no en sus domicilios, para hacerles entrega de mensajes de protesta y de reafirmación ciudadana en torno a "juntos podemos", "sí se puede"... En definitiva, "stop a los desahucios". Pero ha ocurrido que un diputado del Partido Popular no estaba en casa y sus hijos escucharon los insultos a su padre. Ahora la cúpula de este partido ha utilizado este hecho para la victimización de los diputados y sus familiares, y para la defensa de su intimidad, patatín y patatán. También para estigmatizar al movimiento de protesta, calificándosele de violento y, de paso, de correa de transmisión de los etarras.



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