Cine - 'DJANGO DESENCADENADO' por Manuel Iglesias Carrero

Cine - 'DJANGO DESENCADENADO' por Manuel Iglesias Carrero


DJANGO DESENCADENADO.-Sweet home MISSISSIPPI


Una de las mayores vergüenzas que arrastrará la humanidad como especie, por los siglos de los siglos, no lo dudo un instante, es la esclavitud. Sea la aplicada por el ejército vencedor sobre los vencidos, la señalada como utilidad para el florecimiento de los grandes imperios, la explotación de un hombre, clasificado inferior por otro, que se adueñó del látigo y se amparó en la impunidad de la costumbre y la doctrina de  una falsa necesidad mutua; los desposeídos de la tierra, se dice por los interesados, necesitan a los propietarios-dueños y éstos precisan del mudssill (barro) para la construcción de su riqueza. Denunciamos hoy día esclavitudes en el trabajo, en la laxitud de la aplicación de unos principios  y derechos universales del hombre, de la mujer, del niño. 


Tarantino no reflexiona sobre la esclavitud. Está ahí, en lo contado, en su explosiva y vengativa historia de liberación. Por eso no entiendo a los que le reprochan frivolidad o excesos. Tarantino es sinónimo de exceso, incluso con la esclavitud por medio.
El cine y su dramaturgia ha plantado cara a la esclavitud de muy diversos puntos de vista: lucha por la libertad, denuncia del trato y comercio de esclavos, su dulce domesticación (enorme Samuel L. Jackson en su versión masculina de "Mammy"-Hattie McDaniel) , el racismo secular...


Llega Quentin Tarantino y otorga el protagonismo al esclavo Django (Jamie Foxx), pero utiliza a un vividor alemán caza-recompensas (esplendido  Christoph Waltz) y a un terrateniente sureño, comerciante de mandingos-luchadores (brillante Leonardo DiCaprio) para con habilidad narrarnos, de forma irregular, la mítica ascensión del nuevo Sigfrido/Orfeo a la montaña/infierno buscando y recuperando con habilidad ajena a su amada Brunilda/Eurídice, y ya que estamos, la libertad.

Tarantino es un fenómeno cinematográfico que tiene dividido al personal. Seguidores y detractores se aplican con parecido entusiasmo en el análisis de sus películas. En su cinefília ecléctica los géneros son transgredidos en aras de una tensión narrativa  y donde la violencia es un elemento aglutinador. Ojalá hubiese sido suficiente un baño de sangre similar al del final de la película para haber terminado para siempre con la vergüenza de la esclavitud. Desgraciadamente esa última gota de sangre no se ha vertido.

Sitúa su historia de venganza en el violento sur, la salpica con momentos hilarantes  (secuencia de una partida del Ku Klux Klan y la elaboración de sus capuchas) mezclando de forma irregular picos y valles en su alta tensión narrativa.

El western fermentó en las novelas, en los comics, y en el cine está desde los primitivos fotogramas, en toda esa trayectoria como género se reinventó mil veces. Su épica debe tributo a Alfred Guthrie, Jack Schaefer, Ernest Haycox, Paul Wellman y si me apuran a Marcial Lafuente Estefanía.   Tarantino moja su pan en salsas variadas y ha realizado, sobre todo, un homenaje al comic y al subgénero crepuscular  "tabernicolas almeriensis", el spaguetti-western, desde los mismos títulos de crédito. No olvidemos dos detalles tarantinos; cuidada puesta en escena y una excelente banda sonora.

© M. Iglesias





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