Colaboradores: 'Dilema' por Elisa Rodríguez Court

El quinqué


Dilema


Elisa Rodríguez Court 


La vida nos sitúa constantemente ante dilemas que nos reclaman un posicionamiento personal. Elegimos entonces en base a nuestros deseos o convicciones. Sin embargo, nuestra elección deja de ser libre cuando se trata de dilemas maquinados por otros en su propio beneficio. Ocurre con frecuencia en la actualidad.

Un solo ejemplo: supongamos que a una persona le ofrecen un puesto de trabajo. Está en paro y ha de decidir si acepta un salario mísero y un horario laboral desmesurado o rechazar el empleo. Le quedará poco margen de elección, ¿no les parece, estimados lectores?

Son pensamientos que me han asaltado mientras leía una escena conmovedora de un relato de Danilo Kis contenido en su libro Una tumba para Boris Davidovich. Les comparto una escueta síntesis a modo de reflexión: un hombre ha intentado actuar a lo largo de su existencia consecuente con su modo de pensar y de proceder, habiendo arriesgado su vida en varias ocasiones. Ahora, en plena madurez, se encuentra prisionero. Se le acusa de graves delitos que no ha cometido y se le intenta arrancar la firma para una falsa declaración que garantice su condena a la pena capital. El hombre, desesperado, cavila lo siguiente: "He alcanzado la madurez. ¿Por qué iba a estropear mi biografía?"

Sabe que, de toda formas, van a matarlo. Pero también sabe que mentir para rubricar su muerte tramada de antemano es traicionar el sentido que ha elegido para su vida. Soporta, por consiguiente, todo tipo de torturas, optando por mantenerse firme. Sus verdugos deciden, como última artimaña, encararlo cada día con un nuevo joven al que amenazan con matar al momento si el hombre no firma de inmediato. Tras la matanza del primer joven, el hombre es consciente de que ya su propia defensa no le afecta solo a él, sino que abre la puerta a otros asesinatos de seres inocentes. ¿Qué hacer? ¿Debe mantenerse en la verdad o sucumbir a la trampa para evitar más crímenes? Envuelto en un trágico dilema urdido por sus verdugos, ¿le corresponde a él, estimados lectores, resolverlo?



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