Colaboradores: Dos anécdotas, por Elisa Rodríguez Court


El quinqué


Dos anécdotas


Por Elisa Rodríguez Court


Se cuenta que el proceso de enfermedad de Ravel, quien dedicó su vida a la música, duró cinco largos años. Padeció una forma de atrofia mental que le llevó a perder lentamente sus facultades motoras y mentales. En su libro Nada que temer recuerda Julian Barnes la escena en que Ravel acudió a una grabación de su cuarteto de cuerda y, sentado en la sala de control, ofreció diversas sugerencias de cambio en la pieza musical. Después de haber efectuado las correcciones no quiso volver a escuchar el cuarteto entero modificado, quedando el estudio contento de que la sesión transcurriera tan rápidamente y de que todos pudieran irse pronto a casa. Antes de la retirada, Ravel se volvió hacia el productor y, refiriéndose, sin saberlo, a su propia pieza musical, exclamó: "Es realmente muy bueno. Recuérdeme el nombre del compositor."

Escribe también Julian Barnes que quizá Stravinski recordara temeroso en la suma vejez la muerte de varios amigos que perdieron la memoria antes de descansar definitivamente. Por eso se supone que llamaba desde su habitación a algún miembro de la familia, reclamando su presencia. Cuando le preguntaban qué necesitaba, él se limitaba a contestar: "Que me confirmen mi propia existencia." La confirmación podía llegar entonces en forma de un apretón de manos, un beso o la audición de una de sus piezas favoritas.

Estas dos anécdotas, la de Ravel y la de Stravinski, que he querido compartir en esta columna, me han llevado a pensar que no vendría nada mal que los seres humanos en la época de plenitud perdiéramos de vez en cuando las facultades mentales. Olvidarnos por un momento de lo que somos o más bien de lo que creemos ser a modo de desprendimiento por vía natural de nuestras máscaras. Sería una buena receta contra la vanidad, a la que se añadiría otra complementaria de corte stravinskiano: amar a la humanidad y dejar que sean los demás, a los que nos debemos, quienes confirmen que somos y vivimos.

Feliz verano.

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