Colaboradores - "El gato de Ricargo Piglia" por Elisa Rodríguez Court


EL QUINQUÉ

Elisa Rodríguez Court

EL GATO DE RICARDO PIGLIA

"Maldiciendo todavía el espectáculo mediático, me tropecé de pronto con el gato de Piglia entre las páginas. Lo imaginé entonces deslizándose en el patio como ese barco en alta mar del que también habla este escritor en uno de sus libros. Un barco, capaz de guiarse en la oscuridad con el ojo helado de su radar, a fin de captar lo que se esconde más allá de lo visible."
 
Ninguna imagen ahora más ocurrente frente al terrible ruido mediático que la del gato de Ricardo Piglia recogido de la calle. De él habla este escritor en Notas en un diario, publicadas en Babelia, El País. Cuenta que se lo llevó a casa y se adaptó rápido a su nueva vida. Escribe  Piglia: “Inmediatamente se instaló en el patio y se dedicó a observar a los pájaros que sobrevuelan la enredadera. (Investigaciones  de un gato.) Mira el aire con fijeza, abstraído, como si captara lo que nadie puede ver.”

Después de haber leído las palabras de Piglia, me dije: ya me gustaría estar en el lugar del gato. Encontrar un espacio, lejos del mundanal ruido, como ese cuarto en el que se encierran los escritores para viajar en él y dejarse engatusar por lo que a simple vista no se ve.

Antes de sumergirme en Notas en un diario de este escritor había estado buceando en la prensa, intentando esquivar la información efímera que satura nuestra mente con estupideces. Todo ese bla, bla, bla.

Maldiciendo todavía el espectáculo mediático, me tropecé de pronto con el gato de Piglia entre las páginas. Lo imaginé entonces deslizándose en el patio como ese barco en alta mar del que también habla este escritor en uno de sus libros. Un barco, capaz de guiarse en la oscuridad con el ojo helado de su radar, a fin de captar lo que se esconde más allá de lo visible.

Hundí de nuevo mis ojos en el texto de Piglia y mi vista saltó de este felino al otro gato, el de su juventud. Cuenta que tuvo que dejarlo al cuidado de su madre cuando cambió de lugar de residencia por motivos de estudio. A su regreso a casa en vacaciones no lo vio y le preguntó a su madre: “¿Y el gato?” Escribe Piglia: “Ella me mira con sus bellos ojos irónicos. ¿Qué gato?, dice.”

Piglia no revela ningún dato más, pero deduzco que su madre lo hizo desaparecer.

Daría cualquier cosa, pensé, por esfumarme del ruido mediático con ese gato eclipsado.



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