Colaboradores: Las Lágrimas de Eva, por Elisa Rodríguez Court


EL QUINQUÉ
Elisa Rodríguez Court

LAS LÁGRIMAS DE EVA

En navidades crece el interés por los perros, mascotas que se compran y se venden. Los niños las piden a los Reyes Magos, se paga por ellas una cantidad considerable de dinero y se les da, finalmente, la sorpresa a los más pequeños. Apagado el fugaz embelesamiento por estos animales, muchos de ellos terminan abandonados despiadadamente al cabo del tiempo en la carretera. Unos presas de las ruedas de los coches y otros, con suerte, en la perrera, aumentando la cifra de perros a la espera de ser adoptados o sacrificados si no encuentran quien los libre de una muerte segura.

Es la perversidad y la lógica mercantilista, que considera a los perros como medio y como mercancía, lo que mueve a personas como Eva a sumarse a la defensa activa de estos animales y a reclamar su derecho a la vida, tan sagrada como la nuestra. Ella, a sus 16 años, sabe desde niña que el grado de civilización se mide, en gran medida, por la relación que mantenemos con la naturaleza y sus seres vivos. Entre ellos, el perro. Su conciencia tampoco admite como excusa para el maltrato de los perros el argumento de que muchas personas lleven una “vida perruna”. Qué culpa tendrá el perro, objeta, de la vileza que se cuece en el territorio de los humanos contra otros de la propia especie. Por eso no es extraño que de sus labios salga la leyenda sobre Craso, el orador romano. Cuenta que este tomó un cariño extraordinario a uno de sus peces, una morena mansa de su estanque. Cuando esta murió, el cruel emperador Domiciano, queriendo tacharle de chiflado, le reprochó en el senado haber vertido lágrimas por la muerte de aquel pez. Entonces Craso le contestó: "De esa manera hice yo a la muerte de mi pez lo que vos no hicisteis al morir vuestra primera ni vuestra segunda mujer". Eva va con su pensamiento aún más lejos: aunque Domiciano hubiese vertido por sus mujeres lágrimas de sangre del más sincero dolor, Craso, como ella, seguiría estando enfrente de él con sus lágrimas por su morena.

Sumario: Qué culpa tendrá el perro de la vileza que se cuece en el territorio de los humanos contra otros de la propia especie.






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